Despedida

Se acercó sigilosamente. Le gustaba hacerlo cuando él dormía. Era su rutina de todas las noches. Se quedaba a los pies de la cama, con una mezcla de dulzura y deseo en su mirada. Dudaba si meter su mano por debajo de las sábanas y jugar con sus pies, pero sabía la crueldad de ese juego. Él no soportaba las cosquillas.

Apenas un rayo de noche cruzaba la ventana.  Lo suficiente grande para iluminar su cara, inocente y dormida. Lo suficiente pequeño para mantenerla en el anonimato de la oscuridad. Ella sonreía. Sabía que era su alma gemela. Aquella que siente dolor cuando la otra persona sufre. Aquella que llora por sus alegrías. Aquella que sin palabras es capaz de saber en qué está pensando.

A pesar de toda la tranquilidad que transmite la imagen descrita, había un gran desorden en la habitación. Ella está agitada, tiene miedo. Quiere contarle sus dudas, pero sólo es capaz cuándo él duerme. La conjunción de la noche, el silencio, y la quietud de la situación es lo que le da las fuerzas para hacerlo. Una idea iluminó su mente. Cogió aquella vieja cámara de vídeo, la que sólo sacaban en las cenas de Navidad, que año tras año acumulaba imágenes del abuelo chispeante, contando sus viejos chistes, la tía antipática que se empeñaba en no dejar relucir ninguna sonrisa, los primos caprichosos: "yo no quiero zopa", y la magia especial de su madre, la única que conservaba un ápice de ilusión en el festejo. Se fue a la cocina con la cámara. Le gustaba aquella habitación por el aroma que la caracterizaba. Café recién hecho por las mañanas. Cristales empañados a medio día, consecuencia del guiso que allí se preparaba. Olor a verde fresco las noche de verano. Quería sentirse cómoda. Encendió el aparato, se sentó al filo de la silla con su típica postura que parecía querer enfrentarse a la gravedad. Lo primero que dijo, fue sin usar palabras. No pudo reprimir aquella lágrima. Pero no pensó en comenzar de nuevo. Una mezcla de frases sin sentido, movimientos ortopédicos que dejaban ver su nerviosismo se sucedieron. Casi ininteligible. No estaba contenta con el resultado. Pero fuese el que fuese nunca estaría satisfecha. ¿Acaso a alguien le gusta tener que decir adiós?

Él despertó aquella mañana de domingo, esperando recibir una sonrisa de buenos días, y una mezcla de olor dulzón y cosquilleo en su nariz, provocado por el pelo revoltoso de su compañera. No había nada. Sólo una nota: "hay un vídeo en la cocina". Se levantó taquicárdico y  aturdido por el miedo y su estado aún soñoliento. Vio la cinta. Algo así cómo un adiós con palabras vacías (al menos eso creía). No se lo esperaba. No lo entendía.

Una semana después recibió una llamada: "¿Señor de Amaria? Le llamó del Hospital Clínico de Barcelona. Ayer llegó su novia gravemente enferma. ¿Conocía su estado?". No tenía palabras. Cuando llegó al centro entendió todo. Aquélla cinta era una despedida en vida…

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Una respuesta a Despedida

  1. Xergio dijo:

    Me gustó mucho. El comentario de verdad lo tienes en tu correo, mon amie. Un besito

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