La receta.

– Señora González, no voy a engañarle – le dijo el doctor con severidad.

Tomó aire intensamente y continuó con sus nefastas explicaciones. – Lo que usted padece es una enfermedad muy grave y sólo mediante un novedoso tratamiento experimental puede que consigamos (e insisto, sólo puede) que le salvemos la vida.

La señora González le observaba con ojos llorosos mientras rezaba nerviosamente oraciones.

-Si es que lo sabía- se lamentaba. –Por favor, doctor, haré todo lo que usted me mande, lo que me pide, pero se lo suplico, ¡Sálveme doctor!

El doctor Salvattore escurrió de su bata las manos de la paciente, que le agarraban con fuerza. Se recolocó su atuendo de trabajo, y rectificó la espalda. Tras girar la llave, abrió un cajón de dónde sacó una caja de pastillas, que dejó en la mesa en frente de la Señora González.

– Como le comenté, es un fármaco novedoso, siendo sincero aún en fase experimental, pero viendo lo rápido que avanza su grave enfermedad, no podemos esperar a una autorización por parte de Sanidad. Debe comprender que lo que vamos a hacer es algo irregular e ilegal, por lo que debe firmar este consentimiento, y guardar máxima confidencialidad y discreción.

– Lo que precise, doctor, ¿Dónde firmo? – respondió velozmente la paciente – Seré una tumba.

-Así es, lo será si no sigue mis indicaciones al pie de la letra. ¿Dispone de lápiz y papel?

– SI, señor.

– ¿Es usted géminis?

– No, soy capricornio, doctor.

– ¿Capricornio? Perfecto. Apunte, señora González- El doctor dictó una serie de indicaciones que la paciente escribía literal, con mucha atención.- Comenzará con la dosis mínima, un cuartito de pastilla bastará. Poco a poco irá aumentando la dosis hasta que llegue la luna llena, y en ese momento, tendrá que ir disminuyendo la dosis hasta no tomar nada en luna nueva.

– Perfecto doctor, si lo he entendido bien, en cuarto creciente, me tomo un cuartito y creciendo. En luna llena, la pastilla entera. Y cuando no haya luna, en ayunas.

– Correcto, señora González. Pero eso no es todo, atienda. En caso de eclipse, debe tomar el doble de la dosis, salvo que sea un eclipse lunar, que reducirá en proporción a pi.

– Doctor, ¿eso cómo se hace?

– Aquí tiene una calculadora. Escúcheme atenta. Si no hay conjunción astral, coja la pastilla y tómela mirando al norte, y en caso contrario, haga lo mismo pero mirando al sur. Y siempre, me reitero, ¡siempre! lo hará escuchando “trouble man”. ¿Me ha entendido bien?

– Si, doctor. ¿Cuándo he de volver?

-Señora González… Nunca. Si todo sale bien, estará curada, y si no, la veré en la sección de óbitos del periódico. Buenos días.

La Señora González agarró con firmeza la caja de pastillas y se marchó de la consulta acompañada por la enfermera. Cuando ésta regresó no pudo contener la curiosidad y preguntó sobre la enfermedad y la medicación tan excéntrica. –¿Cuál es su enfermedad?.

– Hipocondría.- Respondió.  

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Una respuesta a La receta.

  1. Momu dijo:

    Y de paso se busca un principe y lo afixia, asi totalmente curada

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